|
La oruga que ataca al pino es la
Thaumetopoea Pityocampa Schiff, lepidóptero de la familia
Thaumetopoeidae, vulgarmente conocida como
Procesionaria del Pino. Al poco tiempo de nacer, construyen un pequeño abrigo (bolsón) de seda, donde se cobijan durante el día, para salir al caer la noche para alimentarse de las acículas más tiernas de los pinos y cedros y volverse a refugiar en unos bolsones blancos típicos de todos conocidos.
Las salidas nocturnas en busca de alimento se realizan siempre en forma de procesión, de ahí, el nombre vulgar de
"Procesionaria del Pino". El insecto presenta en su vida dos fases bien diferenciadas: una fase aérea que abarca desde la emergencia de las mariposas en los meses de Julio-Agosto hasta el enterramiento de orugas en los meses de Febrero-Marzo del año siguiente, y una fase subterránea que abarca desde este momento hasta la salida de mariposas en Julio-Agosto del mismo año o del siguiente.
A lo largo del mes de Septiembre se observan grupos de acículas amarillentas y curvadas que indican el comienzo de los daños que causa el insecto. Al comienzo de su vida, las orugas se agrupan en bolsas pequeñas y tenues formadas por los hilos que segregan; luego con la llegada de los primeros fríos, tejen sus grandes bolsones definitivos en un lugar soleado del árbol, donde se protegerá la colonia de los fríos invernales.
Las larvas de este insecto, desde su nacimiento hasta pocos días antes del enterramiento, período que abarca desde el mes de Septiembre al de Marzo, utilizan para su alimentación las acículas de los pinos y cedros, provocando así una defoliación de los mismos más o menos grave, según la intensidad de la plaga. Esta defoliación debilita los árboles frenando su crecimiento y, en el caso de pies jóvenes y ataque intenso, puede comprometer la vida o el futuro desarrollo normal de los mismos.
Una vez completado su desarrollo y tras unos días sin alimentarse, las orugas abandonan sus bolsones y descienden por los troncos formando las típicas <<procesiones>> en busca de un lugar adecuado para enterrarse y crisalidar.
Su tratamiento es imprescindible en los pinares con valor recreativo y residencial, en los que la estancia de las personas se hace imposible en ciertas épocas del
año debido a las urticaciones y molestias que ocasionan, produciendo afecciones a las mucosas, conjuntivas y piel de cierta consideración y en caso de zonas fuertemente afectadas, donde el aire esta impregnado de pelos urticantes, pueden producir afecciones bronquiales que precisan intervención médica.
|